Cuentan los entendidos que la época de oro del carnaval sucrense transcurrió entre 1920 y 1950.
El varón arroja cascarones a las manos de las damas que se encuentran en los balcones. Ellas atrapan los cascarones para luego devolverlos al cuerpo del carnavalero o estrellarlos contra el suelo.
Recorren las calles con canastas repletas de globos, cascarones perfumados, mixtura y ´chofas´, antifaces de alambre que forman una red protectora de los ojos.
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